A lo largo de nuestra vida al menos en dos o tres ocasiones nos regalan un paraguas bueno, mango de madera maciza, hierros buenos, hay auténticas obras de arte. En un 99% de ocasiones estos paraguas no los usaremos nunca, o a lo suma una. Ordenaré alfabeticamente las razones:
1º No sabemos donde hemos guardado el paraguas que nos encantó cuando nos lo regalaron por nuestro santo. Lo encontraremos siete años después, lo volveremos a dejar donde esté y olvidaremos nuevamente su ubicación.
2º La calidad del paraguas nos traiciona, y el día del primer uso coincide con un vendaval que lo deshace en mil pedazos.
3º El día de tu santo cae en Viernes, Viernes lluvioso, te lo llevas de fiesta y adiós paraguas. La realidad es que te lo dejaste olvidado en el segundo bareto debido a nuestro estado etílico pero al día siguiente finges un robo, 'si yo sé quién fue, esos que estaban en la mesa de al lado del puerta, si tenían una pinta'.
Entonces, si los paraguas buenos nunca los usamos, ¿que usamos?.
Pues el de flores de tu madre, la madres son impermeables, todos lo sabemos.
Ay Rihannita, tu paraguas no lo perdía yo.
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