Tal vez el culpable no es el coche en si, tal vez es su conductora, Irene Martínez de la Rosa. La entrada de nuestro parking es moderna y cómoda, muy ancha, nada que ver con antiguos parkings y cocheras. Pero no hay señal, coche bien aparcado o entrada angulosa que pueda parar el ímpetu de nuestro Opel Rayo, lo de rayo es por darle empaque, carácter, en realidad es un diminutivo de rayajo. Sus cuatro esquinas están marcadas por la conducción, desgastadas por el ajuste a la hora del aparcamiento, tal vez no da el nivel para la conducción precisa y milimétrica que su conductora le exige. Me estoy planteando buscarle a Irene un vehículo que se adapte mejor a sus características.
El Leopard puede ser la mejor solución.
¿Aquí donde se pone la silleta?
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