La señora es sudamericana, tendrá alrededor de cuarenta años y se conserva muy bien, es neumática, recauchutada y siempre va apretadita. En un radio de un kilometro a la redonda todas las abuelas están sorprendidas porque sus maridos siempre se presentan voluntarios para ir a comprar la fruta.
- Hola hija, ¿tienes peras?
- Claro que sí don Andrés, mire estas que ricas.
- Ay, si yo lo que quiero es ....aaaagghh
- ¡Abuelo!, ¡que toca!.
- Hija yo por ti dejaba a mi mujer, llevo sesenta años con ella y ya no hay pasión, si hace falta me tomo la visagra esa.
- Todos los días los mismo, hasta mañana don Andrés. Buenos días don Miguel.
- Hija mía, ¿tienes peras?
...
El amor no tiene edad.
Que poco verdes erais.
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